viernes, 16 de marzo de 2012

9.

¿A quién te parecés, oh Noche,
saltando al ruedo de mis emociones / al
cuadrilátero donde se enfrentan / a puño limpio /
el amor / la frustración / la esperanza? / ¿Habrá
sitio para vos entre tanta guerra?
¿Qué equilibrio encontrarás? ¿De qué batallas saldrás triunfante
o triunfadora?
¿De qué discursos / profecías serás capaz
y cuántas exclamaciones deberé aplaudir
antes de reposar mi angustia en tu regazo?
¿Cuántas siestas dormiremos, oh Hermosa? ¿Cuántas mañanas de mate?
¿Cuántas películas con finales tristes o con finales lindos?
¿A quién te parecés? ¿A qué diosa sumeria?
¿A qué engaño / ocultamiento
de las tensiones? / ¿Con qué propósito te mostrás
ante mí con tal desvergüenza?
Como hija del cielo nombrada en tantos himnos
desde antiguo hasta hoy / como
la protección y el peligro
como el vasto espacio entre dos orillas
que son la misma / ¿podré enfrentar
las mandíbulas / las brujas / los observadores?
¿Enfrentarlos para acercarme a tu orilla / para
alcanzar tu otra orilla?
¿Podrás moverte en dirección opuesta / aproximarte
a tientas en la penumbra que gobiernas / que proteges / pero
que aún así te es desconocida?
¿En cuál de las dos orillas ocurre
el encuentro de las distancias insalvables?


1 comentario:

•car.•°● dijo...

por eso el insomnio es solo para aquellos enamorados de la noche.
los que con colores de nostalgia
dibujan las paredes aquellos momentos que alguna vez
fueron mejores.



no se, digo..